Adolescencia francesa frente a ultraviolencia mexicana

uno 1368711504_627258_1368713645_portada_normalA François Ozon, la carrera le ha dado para mucho: para dirigir películas directamente detestables y para filmar algunas de los mejores largometrajes del último cine francés. Su filme precedente, En la casa, le llevó hasta una merecida Concha de Oro en la última edición de San Sebastián. De natural prolífico (15 películas a sus 45 años), a Ozon le ha dado tiempo para presentar este Cannes otro trabajo, Young & beautiful, y aunque no esté al nivel de la precedente es cierto que en ese retrato de una adolescente de 17 años que se prostituye porque quiere, sin necesidades monetarias, tal vez porque como dice su padrastro, “está en la época de experimentar, de ser rebelde”, y reaccionar salvajemente ante lo que le rodea, el cineasta mete chicha en el guion. De fondo, resuena el poema de Rimbaud Nadie es serio a los 17, una pista sobre lo que ocurre.

Si formalmente ha dividido su filme en cuatro estaciones (empezando por el verano), que a su vez son presentadas por sendas canciones de Françoise Hardy, en el fondo ha sabido no dar recetas ni moralina para su personaje, todo ello –como es obvio en Ozon- empaquetado en unos fluidos y elegantes movimientos de cámara. Al cineasta no le han quedado buenos recuerdos de sus años de juventud: “A menudo, se idealiza la adolescencia en el cine mundial, se la ensalza exageradamente. Conservo un recuerdo más bien doloroso y difícil de la mía. Tenía ganas de abordarlo desde la distancia para hablar al respecto de forma diferente”. Tras su trabajo con adolescentes en En la casa, al director le habían quedado bastantes ganas de volver a trabajar con actores jóvenes. De ahí la historia, y de ahí la búsqueda de una chica que superara ese reto actoral. La encontró en la modelo Marine Vacth: “Cuando vi a Marine, enseguida me pareció diferente a las demás, que abordaron el papel desde un prisma muy realista. Tenía la sensación de estar dentro de un documental. Con Marine, era algo diferente. Al mirar sus ojos, existía un mundo interior, un misterio, exactamente lo que estaba buscando”. Eso además apoyaba, según Ozon, su idea de “dejar agujeros, de no contarlo todo”. “Es mi forma de trabajar, tengo tendencia a dejar un poco de distancia. Creo que la gente es inteligente y con capacidad de entender sin que tener que desgranárselo”.

La modelo Marine Vacth, a su lado, defendió a su personaje: “No se explica, no se excusa y vive lo que siente que quiere vivir”. Y explicaba: “He trabajado como modelo pero nunca me he considerado como tal. Me cuesta aceptar las etiquetas, sea la de actriz o cualquier otra. Me gusta este trabajo y he disfrutado mucho con François. Tengo ganas de continuar filmando. No lo he vivido como una transición. Es algo más complejo que eso”. El director, que no concursaba en Cannes desde hacía una década, con Swimming pool, reafirmaba su dolor de aquellos años: “La pérdida de la adolescencia es el nacimiento de la melancolía, el periodo de la desilusión”. No fueron buenos, no.

La otra película del día en el concurso es Heli, el tercer largo del estadounidense (por madre)-mexicano (por padre) Amat Escalante, y su tercera participación en Cannes. “Aunque es la primera en el concurso grande, y me siento desde luego un privilegiado”. El protagonista, Heli, trabaja en el turno de noche de una fábrica de automóviles, como su padre, y comparte casa con su mujer, su hijo recién nacido, su progenitor y su hermana, una prepúber con malas relaciones sentimentales y que meterá a la familia en un lío tremendo. Tanto, que Heli acaba apaleado y viendo cómo matan al novio de su hermana, tras torturas que incluyen el rociado con gasolina y la quema de sus genitales, plano que no se ahorra en absoluto Escalante. “Yo vivo en México. La película no es una recreación de mi país, sino que tiene que ver también con mi amor por Sergio Leone”. Pero es un gran país, donde pasan muchas cosas, como esta. Sin embargo no he rodado un documental, sino un filme de ficción”. Su coguionista, Gabriel Reyes, también defendía su visión de la ultraviolencia: “Es una película mexicana sobre una familia mexicana, aunque en todos los sitios del mundo hay violencia, es ficción. No es un manifiesto, ni un retrato de México. Cuando hablamos de algo es saludable, incluso curativo, cuando lo vemos no lo es, y puede que nos desconecte de ello. Vemos mucha violencia en los medios. Obviamente Heli es una película, es falso, pero debemos enseñar esa violencia en ese contexto para que la gente sepa que existe”.

Escalante recordaba que aunque ficción, en Heli se muestran realidad mexicanas, “como que el aborto es ilegal y hay un montón de madres jóvenes”. O la tortura en sitios tan extraños como un salón familiar: “Pues sí, no quería sacar a la típica banda golpeando a los secuestrados, sino que a veces esos gánsteres dejan que sean niños, que están ahí al lado jugando con videojuegos, quienes torturen”. O el uso del sexo como herramienta de poder: “Heli quiere encontrar otra cosa. Y aunque su mujer le rechaza en la cama probablemente por algo tan normal como que acaba de ser madre, el sexo en el filme es mostrado como la última oportunidad de todos por mejorar su vida. Y me gusta esa lucha entre sexo y violencia”. Armando Espitia, el protagonista, completó esa respuesta: “Al final mi personaje se siente poderoso. Le da tranquilidad a su familia y a él acabar con algo que les hizo daño. Esa relación directa entre violencia y la sexualidad procede de su relación directa con el poder”. La película, producida por Carlos Reygadas –y algo de él hay en el filme- ha permitido a Escalante cerrar una trilogía sobre su país. “Aunque yo no soy representativo. No soy un mexicano normal, de padre mexicano y madre estadounidense [y nacido por casualidad en Barcelona]. No me considero el portavoz de nadie”.

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