Cubanos y maduristas apuestan a la violencia

gn baraltHugo Chávez pasó 14 años arruinando a Venezuela y parece que el caos empeorará después de las reñidas elecciones del domingo, según dice un editorial del  diario The Wall Street Journal.El periódico comenta los resultados de los comicios del domingo y señala que el  heredero de Chávez, Nicolás Maduro, se proclamó victorioso con 50,7% de los votos, “pero el estrecho margen se traduce como un repudio al madurismo, considerando todos los obstáculos que fueron lanzados contra la oposición”.Tras apuntar que el pedido de hacer un recuento de votos del candidato opositor Henrique Capriles  había sido aceptado en principio por Maduro, y que el Consejo Nacional Electoral aun así lo declaró ganador, “hay reportes de que cajas de votos que supuestamente deberían estar bajo la vigilancia de la Guardia Nacional han empezado a desaparecer“.

Además de competir contra Maduro, Capriles también lo hizo contra “un ejército de funcionarios cubanos que estaban a la mano –apunta–para defender sus inversiones en su cliente político y rico en petróleo”.

El diario añade que La Habana, que recibe al menos US$4.000 millones al año en petróleo subsidiado de Venezuela “ahora gestiona todos los sistemas de información y control de documentos del gobierno”.

El Journal recuerda que por años, Chávez rehusó permitir una auditoría de los registros de votantes, e hizo imposible saber cuántas personas no ciudadanas tenían tarjetas de identificación electoral para sufragar en Venezuela.

Pero “la impugnación del voto significa –destaca–que incluso si llega a la fuerza al palacio presidencial, es poco probable que Maduro tenga legitimidad democrática. Capriles es ahora un símbolo nacional de resistencia”.

A juicio del diario “los cubanos y los chavistas sin duda están anticipando que sus tácticas de fuerza van a prevalecer de nuevo y que las protestas se desvanecerán. Y tal vez eso suceda”.

La única forma en la que Venezuela pondrá fin al chavismo, concluye, “es con un levantamiento popular semejante” a los ocurridos en 1986 en Filipinas con Corazón Aquino, y la Revolución Naranja de 2004 en Ucrania.

 

Leave a Reply